Sakura – Centro de orientación, conciliación y formación. Lleva este nombre a fin de reflejar la identidad y las reflexiones que dirigen nuestro accionar.
Este preciado árbol simboliza los dos estados polarizados, la vida y la muerte, la aceptación y la negación, la belleza y la violencia, el ánimo y el desánimo. Pero en primavera nos hace una promesa, una posibilidad de una nueva vida, la floración de los cerezos, por más corta que sea, representa la vitalidad y el dinamismo, recordándonos, con su corta vida, que la vida es fugaz pero maravillosa.
Su delicada apariencia y breve vida, nos transmite un significado profundo que nos lleva a la reflexión, pero también a la acción, al reconocimiento genuino de que, si la vida es corta, mientras exista debemos potenciarla y disfrutarla en su máximo esplendor, dejarnos cautivar por la vida en sí con todo lo que viene y conlleva. Si la existencia humana es efímera, mientras exista debe estar cargada de belleza y para lograr aquello necesitamos muchos meses de preparación, de introspección y sobre todo de voluntad para llegar a ese esplendor, momento que cuando llega lo debemos apreciar como si fuera único y fugaz, aspecto que nos llevará a valorarnos y valorar todo cuanto esté a nuestro alrededor (familia, pareja, hijos, amigos, colegas, etc.)
Esta flor nos recuerda la posibilidad del renacimiento y la renovación, representa la posibilidad de que siempre podrá haber un nuevo comienzo y la oportunidad de dejar atrás lo viejo para dar paso a lo nuevo. Desde lo humano dejar atrás las heridas, las antiguas prácticas, los dolores, los temores, los mandatos, la resistencia al cambio e incluso el supuesto de que sólo hay un camino.
Representa un nuevo comienzo que sucede según su ciclo cada temporada, y con aquello refleja la oportunidad que tenemos de dejar atrás lo viejo para dar paso a lo nuevo. Recordándonos que siempre habrá espacio para la renovación y el crecimiento personal en nuestra vida, sin importar cuán difíciles sean las circunstancias.